Hace unas semanas, leí que los cuentos que de pequeñas nos leen y releen, o incluso vemos en las películas, no existen. Pues bien, hoy quiero decirle a esa persona, que no estoy de acuerdo para nada. Es cierto que los príncipes que nos muestran no son reales, porque todas sabemos que los príncipes azules acaban por desteñir, que ninguno es una bestia que al caer el último pétalo se convierte en una persona hermosa o que vaya a enfrentarse a un dragón de tres metros para rescatar a su amada. Los príncipes de hoy en día son normales, van en coche, moto o autobús, no en carruajes ni en alfombras voladoras; visten vaqueros y camisetas, no armaduras, y no necesariamente desciende de un rey o reina. También tengo que decir, que esas princesas no existen, no somos tan bobas de casarnos a las 16, o de quedarnos esperando a que nuestro príncipe suba a la más alta torre del castillo a salvarnos, sabemos sacarnos las castañas del fuego.
Pienso que cada uno elige a la persona que quiere, y que durante la relación, esa persona se convierte en tu príncipe o princesa, que al mirarla a las ojos, sabes que estás en las nubes o en las estrellas, sabes que eres capaz de hacer cualquier cosa por ella, sabes que si se acabara el mundo hoy, aprovecharías al máximo esos últimos minutos de vida que te quedan junto a ella.
Yo no diría que me he conformado con el sirviente del príncipe, porque tengo a mi lado a una persona hermosa, que me cuida, me respeta y me ayuda en el día a día, pero que al igual que yo, no es perfecto, pero por ello, no deja de ser ese príncipe…
Sí, todavía creo en los cuentos de hadas. Tu vida puede ser un cuento de hadas, de guerra, de superación. Tú escribes tu vida. Mi cuento es de amor, pero no de ese de hadas, magia, dragones… Es de dos personas, normales, que con el tiempo se han dado cuenta de que su amistad, se convirtió en algo más, se enamoraron, pese a que el primer año que se conocieron, no se llevaban nada de bien, a pesar de la distancia que una vez empezada la relación, tenían que vivir…pero ahí estaba ese “príncipe” para bajar cada fin de semana a ver a su “princesa”.
Es una historia normal… que cada día le ocurre a millones de personas, que se enamoran.
De una que convirtió a esa persona normal en el príncipe de su cuento.




