jueves, 8 de enero de 2015

Sola.









Me siento tan sola. Me siento al borde de un precipicio que me absorbe hasta el fondo, y no se como aguantar aferrada al borde sin caer. Me siento un poco loca, un poco cuerda; un poco lista, un poco tonta; un poco mala, un poco buena. Me siento bipolar, me siento incomprendida. 



Mi vida la han cambiado, como quien cambia un paisaje en una película. Ha dado un giro de 360º. Y no se como enfrentarla, porque la desconozco. Soy como un bebe enfrentándose a cosas de adultos que ni si quiera comprendo. Me siento perdida. La gente camina rápido, muy rápido y yo estoy parada sin poder moverme. Nadie me ve, nadie me ayuda y no puedo hablar solo mirar. Alguien al fondo me grita sin parar que ande, que he de andar. Pero no me ayuda, solo me grita y me grita, me ordena, me humilla. 



Te pasas la vida esperando a ser feliz, a dar un paso mas para alcanzarlo. Y cuando lo alcanzas, lo ves aun mas lejos…¿Es posible ser feliz? ¿Es posible coger el rumbo perdido en un mundo desconocido? Ahora me siento encerrada, encerrada sin poder salir, con una bombilla desgastada colgando del techo y balanceándose haciendo un ligero chirrido. Y yo en el suelo de cemento frío abrazando mis rodillas, esperando. Esperando a que alguien abra la puerta, a que entre aire  y luz…que me saque de esa penumbra, del frío suelo y de la oscura habitación.






                                                                                                                                                                   - Anónima.



jueves, 17 de abril de 2014

CreerSoñarVivir






Reflexión: Creer. Soñar. Vivir.




Empiezo cada día como cualquier otro. Abro los ojos, me incorporo, y pienso en lo que me deparará. ¿Quién sabe lo que traerá? Cuando nos despertamos, matamos el sueño. Matamos ese estado de relax, esa comodidad, y pasamos a despertar.



Despertar se puede entender desde dos puntos de vista. Despertar, sin más. Esa acción de dejar de dormir y vivir la vida. O la acción de dejar atrás la comodidad, dejar atrás los sueños de nuestra mente, y llevarlos a la realidad.



Cada día, trae mil una oportunidades.



Pensaréis que exagero. Para nada. Mil una. Tenéis mil y una opciones para elegir en un día. ¡Contadlas!



Aunque sabemos, ambas partes, que no lo haréis.



Porque sois cómodos. Sois fáciles. Sois ... Qué coño. Somos. Aquí, el que os escribe, de cada 1001 oportunidades, la jode 1000.



Eso sí, esa única que me queda, la cojo como si fuera la única. Es más, es la única. Porque cuando os dan 1001 oportunidades, son demasiadas. Demasiadas cosas que querer. Demasiadas cosas en qué creer.



Señores, señoras, damos, caballeras, caballos... aunque no lo creáis, hay que creer...y lo peor de esta puta vida: hay que ser realista.



Y hay que creer en aquella idea, que después de haber desechado 1000, sigue siendo pura.



Por eso lucho por una. No por dos, no por cien, no por mil. Por una.



No me conoceréis por mis grandes victorias. De hecho, no me conoceréis por nada ni por mi nombre, que ni aquí aparece solo intento vivir siendo feliz. Intento querer ser feliz. Intento dejar de dormir para hacer reales mis sueños. Supongo que es lo que mis padres, los tuyos, y los de mis amigos, llaman "soñar despierto".




Porque yo sueño despierto. Bueno, qué cojones, yo no sueño despierto. Yo vivo despierto. Porque los sueños, no tienen que ser más que una prolongación del vivir.




Y de esta manera, que cuando llegue el final, podamos decir: "me voy a soñar, con la vida que viví". No hay más. Vivir un sueño. Y dormirme soñando con mi vida...




Yo, por mi parte, me voy a vivir dormido. Que mañana, tengo que soñar. Buenas noches.





(Anónimo)









domingo, 25 de agosto de 2013

Cuando la esperanza flaquea.






Todos pasamos por diferentes fases a lo largo de nuestra vida.


Etapas, que en ocasiones (y con suerte en muchas de ellas) duran días. En los casos graves, conlleva años recuperarse. Son los “golpes bajos” que te da el Universo. Y duelen, te hacen sangrar, y dejan moratones y cicatrices, que te recuerdan aquel dichoso momento en el que te la pegaste de bruces contra el asfalto.

Luego, como el tiempo te obliga, y vivimos a contrarreloj, no queda otra que levantarse.

Y levantar la mirada.

Observar.


Pues en ese punto exacto es donde me encuentro ahora mismo.
Muchos podrían reírse de mi problema. Pero la magnitud de los problemas, al igual que el dolor, se mide de forma subjetiva, según las prioridades vitales de cada ser humano.
Supongo que un fracaso de pareja te lleva a eso, a cuestionarte tu futuro sentimental, y a preguntarte “y ahora… ¿qué?”.


Lo primero que notas es el vacío. Es como si la otra persona, hubiera ocupado parte de tu espacio durante la relación, y al romperse ésta, el susodicho se hubiera quedado con uno de tus pulmones; bueno, el pulmón, y las fotos, los regalos, todos los peluches… espera, no. Los peluches siguen en mi cama…


Te falta espacio y te sobra tiempo, que antes compartías con esa persona, que ya ha cambiado su rumbo. Caminos diferentes.
Una vez que superas eso, y consigues distraer tu mente pensante con miles de ocupaciones, en ocasiones inútiles, en ocasiones, bastante productivas, parece que la situación mejora.
Eso, lo parece. Pero sólo buscas ocupaciones como terapia para superar la pérdida o el cambio.


Por mi parte, puedo decir que tengo suerte, que ese vacío se va llenando gota a gota, y no con otro hombre: conmigo misma. Aprender a ser tú, al cien por cien, sin esperar que otra persona te complete, es una tarea ardua: se sudan ríos de tinta, lágrimas, tus mayores defectos salen a la luz (porque los sacas tú mismo, claro). Pero creces. Por fuera, porque el tiempo pasa por la piel, pero sobre todo, por dentro. Te haces más grande. Más fuerte.


Bien. Pero… ¿y el amor? ¿Dónde queda? ¿Dónde se esconde? ¿Volverá a aparecer, si es que ha dado señales de vida alguna vez?
En mi caso, puedo jurar y perjurar, que no fue amor. No amor de pareja. No amé. No había un tú ni un yo, ni un nosotros. Cuando me quise dar cuenta, caminábamos cada uno en direcciones diferentes, hablábamos sin escucharnos. Pero esa es otra historia, pasada como el agua.


La cuestión es que ahora no tengo esperanza. No tengo fe en que la sonrisa de “la persona” me atraviese como una flecha el estómago. Es culpa de ese tatuaje que llevo en la frente, que dice “no saldrá bien”.


Aunque, en lo más profundo de mi corazón, ahí donde ni el tiempo ni el espacio existe, quiero creer que algo tiene que haber. No ese amor de película americana, ni de princesas Disney sin sentido práctico. Sino algo simple, sencillo, como una cerilla que prende. Dos personas que encajan, comparten experiencias, confesiones, se desnudan, se desternillan haciendo el gilipollas por la calle y se ríen del mundo, disfrutando cada segundo y exprimiendo hasta los suspiros, y los aromas que emanan de sus cuerpos. Con la libertad como principio fundamental, y el respeto en las manos.


Sí. En el fondo, supongo que al fin y al cabo, creo en el amor. Reflexionar escribiendo sirve de algo, a veces...


Mientras tanto, sigo caminando, con las alas abiertas y los ojos curiosos.


Dispuesta a vivir lo que la misma vida me tenga preparado.






B.R. 

domingo, 4 de noviembre de 2012

Declaración



 No conocía esta sensación.

   Siempre he tenido la capacidad de controlar mis sentimientos, de mantenerlos a raya, de forma que se quedaran en la superficie. Ha sido una buena estrategia para evitar que me hicieran daño, un buen escudo contra el mundo.

   Pero toda coraza tiene sus contras: nunca he "sentido" de verdad; no me dejé llevar. Si no sentían como yo, no había problema. Esa persona salía de mi cabeza tan rápido como había entrado (sin haber podido llegar más allá, o más abajo, donde todo adquiere un matiz diferente, y se vuelve indomable).

   Y ahora, creo que alguien ha destruido ese escudo. Y ya es demasiado tarde para reconstruir los pedazos de esa armadura, configurada con cuidado y esmero durante estos 21 años de vida. Hoy no tengo voluntad para volver a encerrarme y protegerme de todo aquello que no conozco. Se suele decir que en esta vida, se tiene miedo de aquello que no se conoce, pero no quiero renunciar a este miedo, sólo porque la situación sea totalmente nueva para mí.

   Porque siento que es el momento de superar todas las inseguridades que me impiden avanzar y descubrir nuevas facetas de mí misma, y nuevas oportunidades vitales, que no me dejan crecer como persona y como mujer.

   Y ahí es donde tú entras en juego. Tú, que no eras nadie, que pasabas desapercibido para mis ojos, ahora eres sin embargo, el centro.
   Te pasas la vida entera preguntándote cómo será, qué sentimiento puede ser tan fuerte como para mover el mundo, cómo puede doblegar a tu mente, que poco (o nada) puede hacer cuando el corazón toma las riendas de tu camino y de tus pasos... y cuando llega, lo sabes.

   Y ya ha llegado. Negarlo es perder el tiempo, complicarlo todo sin necesidad. Y..."¿para qué complicarlo todo?". Para hacerlo más interesante, desde luego que no.

   Te estás convirtiendo en una constante, una especie de necesidad o hábito diario. Me gusta escucharte, saber cómo ha ido tu día, pero sin protocolos, sin compromisos, es interés real. Ya que has llegado, no quiero que te vayas. Quédate conmigo, deja que te conozca.
 
   No sé cuánto tiempo tardaré en "cansarme", ni a dónde nos llevará todo esto, es algo que no puede saberse. Yo sólo quiero pasar todo el tiempo contigo, porque estoy muy a gusto. Puedo ser yo misma, honesta, sincera, brillante. Sacar lo mejor de mí. Y no quiero que eso cambie.

   Siento que me he tirado al barro, que estoy expuesta ante tí, que ya te he dado muchas cosas que no he compartido con ninguna otra persona hasta hoy día. Y estoy dispuesta a asumir el riesgo porque.. eres tú.

   Y te estaba esperando.


B. R. 



viernes, 14 de octubre de 2011



   Llega un momento en la vida en el que te das cuenta que todo tiempo pasado tiene su recompensa: cuando crees que nunca vas a encontrar esa persona que anda rondando por tu cabeza desde pequeño… y de repente… el destino te pone en mi camino.

   Un camino que quiero a toda costa seguir contigo de la mano, porque nunca podrás llegar a imaginar lo que me haces sentir, ni habrá palabras que lo expresen, pero ten 
 claro que quiero ser feliz a tu lado y hacerte feliz a ti.

   Cuando ves que cada hora se pasa en un segundo, cada instante que vives es un placer constante, eres todo lo que una persona puede soñar tener a su lado, tan cariñosa, tan dulce, simpática, atenta… miles y miles de cositas que podría estar diciendo sin parar de ti…

   El simple hecho de verte o pensarte hace que para mí no exista nadie más, que estemos solos aunque alrededor este repleto de personas…

   Deberían inventar palabras nuevas, porque decirte “te amo” se me queda corto para todo lo que siento… Te  necesito cada segundo de mi vida. 

   Sé que puede parecer largo el camino pero a tu lado todo es dulzura, es belleza…juntos podemos sonreír, podemos disfrutar, soñar…
No puedo ni quiero dejar de contemplarte. Pienso en la suerte que he tenido de conocerte y las ganas que tengo de realizar mi camino contigo…

   Contigo soy feliz… una mirada, un susurro, un abrazo, una caricia, un beso… tantas cosas que me haces sentir…que sé que sin ti mi vida no valdría la pena, es soñar despierto, ver como poco a poco la vida nos sonríe…

   No temas a nada: estoy aquí para hacerte feliz, para protegerte. Quiero que sepas que aunque hay mil palabras bonitas ninguna expresa ni por asomo lo que siento por ti, porque hay mil palabras, pero más grandes son mis sentimientos…

   Te quiero.

¿Por qué sonríes?





Te despiertas otro día más como cada mañana. El decorado de ese lugar es el mismo que ha venido teniendo, en la habitación de al lado duerme la misma persona, en ese bloque nada ha cambiado, de hecho, posiblemente pocas cosas hayan cambiado en el mundo. Y sin embargo, todo es diferente. 

Un instante que todo lo cambió. Es de locos, pero en los detalles están los cambios más radicales. No los cambios en las cosas, no los cambios en las personas (eso es consecuencia de), si no los cambios en las vidas de las personas. Detalles, que por insignificantes dotan a las historias de un valor, de un significado... historias que cobran verdadera vida, y se convierten en realidades ficcionales.

Y tú estás ahí, tumbado, con esa sonrisa dibujada que no se te quita. Miras a tu alrededor, y lo ves. Ves la realidad que ha provocado esa sensación, que por increíble se hace real. Y lo peor (o mejor), es que lo sentiste venir, pero no lo quisiste ver. No lo quisiste decir en voz alta, por miedo a que se escapara el hechizo, y no se hiciese realidad. Ese extraño sentimiento que te predecía, como si pura magia fuera, de lo que iba a acontecer.

Y es justamente porque nada ha cambiado en el mundo, por lo que el cambio es tan radical. En algún momento, en algún lugar, visitaste otra realidad. Esa en la que el mundo no podía estar, esa que solo os correspondía a vosotros, esa que solo tiene una llave... Esa locura tan cuerda, que hizo que el reloj se parara por fin, a una hora que aún sigue fija, y que es la que te hace sonreír.

Casualidades, coincidencias, suerte...? ¡Quién sabe!

Abre los ojos, sigue soñando, y no dejes que el reloj se mueva. 

martes, 15 de febrero de 2011

Llegar a ese lugar...




¿Qué fue lo que fue? ¿Lo que fue, fue? ¿Está en el olvido?

¿Por qué siempre seguimos revolviendo los cajones llenos de tierra y cosas sin usar? ¿Para que? ¿De que sirve acordarse de cosas que ya fueron? No las podemos cambiar, aunque lo deseemos con las mayores fuerzas. Lo hecho, hecho está.

La vida sigue y estamos llenos de posibilidades y caminos para elegir. Pero, ¿como sabemos cual camino es el correcto? ¿Hay que usar el corazón, la intuición, la inteligencia? ¿O simplemente no importa que camino tomemos? Quizá el destino ya este marcado y por más que elijamos cualquier camino, siempre vamos a terminar de la misma manera...

La vida es una rueda, todo lo que va viene y todo siempre llega al mismo lugar. Pero hay diferentes maneras de llegar a ese lugar...


SG